El restaurante El Loli, situado en la calle Pozo Amarguillo de Sanlúcar de Barrameda, ha cerrado sus puertas tras 39 años de actividad al frente de Manolo Torres y Mari Palomeque, que han decidido jubilarse y dar por finalizada una etapa vinculada a la hostelería local desde 1987.
La información ha sido adelantada por Pepe Monforte en ‘Cosas de Comé’, de Diario de Cádiz, donde la familia ha explicado que la decisión se ha tomado por motivos de calidad de vida y por la dificultad de mantener abiertos varios negocios familiares al mismo tiempo. “Queremos disfrutar de estos años. No tener que estar siempre mirando el reloj porque hay que abrir”, han señalado Manolo y Mari.
El cierre del establecimiento no supondrá la desaparición de sus platos más conocidos. Según ha explicado la familia Torres Palomeque, parte de la carta de El Loli continuará en Trasiego, el restaurante que regentan sus hijos en la plaza de la Victoria, junto a la plaza del Cabildo. Allí seguirán ofreciéndose recetas vinculadas a la casa, como las huevas aliñás, la chova en adobo, las coquinas, el marrajo con salsa de pimientos rojos, los filetes de lubina con salsa de jamón y langostinos y algunos de sus postres.
El Loli abrió el 10 de enero de 1987 como una taberna familiar con una pequeña barra y una terraza que pronto se convirtió en punto de encuentro para vecinos y clientes de distintos puntos de Sanlúcar. Con el paso de los años, el negocio fue creciendo hasta consolidarse como una referencia de la cocina local, especialmente por su pescado, sus aliños y una forma de trabajar basada, según han recordado sus propietarios, en que “todo estuviera limpio, ordenado y las cosas que se pusieran a los clientes fueran buenas y a buen precio”.
Manolo Torres procedía de una familia vinculada a la hostelería y comenzó a trabajar en el sector siendo niño, junto a su padre en la desaparecida Venta El Loli, en la carretera de Sanlúcar hacia El Puerto de Santa María. Junto a Mari Palomeque levantó después un proyecto propio en el Barrio Alto, donde también trabajó durante los primeros años Ángel, hermano de Manolo.
La continuidad del negocio familiar ha quedado ahora en manos de sus hijos, Lolo, Ismael y Alberto, formados en la escuela de hostelería de Sanlúcar y vinculados a las distintas iniciativas de la familia. A ellos se han sumado también Silvia Riscart y Natalia Recamales, nueras de Mari Palomeque, en la cocina de Trasiego.
La familia ha agradecido el apoyo recibido durante estas casi cuatro décadas y ha tenido palabras para sus clientes, “que son los que nos lo han dado todo, los que han venido a comer aquí muchos, muchos años”. También ha recordado la ayuda recibida en distintos momentos de la trayectoria del establecimiento, incluida la etapa en la que tuvieron que adquirir el edificio donde se encontraba la taberna antes de construir el restaurante que después sería reformado.




